El Ágora de Esmirna: el foro olvidado de la antigua Esmirna, a un paso del bazar
La Ágora de Esmirna (en turco, İzmir Agorası; en inglés, Agora of Smyrna) es uno de esos raros casos en los que una ciudad antigua no surge en medio de la nada, sino en pleno centro de una metrópolis moderna. Al salir de las bulliciosas callejuelas del barrio de Namazgiah, en el distrito de Konak, el viajero se encuentra de repente en el fondo de una enorme excavación de piedra: columnatas de mármol, arcos de piedra de la basílica subterránea, restos de la puerta de Faustina y fragmentos de una calle antigua. La Ágora de Esmirna fue en su día la plaza principal, el corazón de la ciudad grecorromana, y hoy es uno de los monumentos arqueológicos más infravalorados de la costa egea de Turquía. En 2020, el sitio fue incluido en la lista preliminar de la UNESCO como parte de la candidatura «Ciudad portuaria histórica de Esmirna», y es precisamente aquí donde mejor se comprende por qué Esmirna fue durante mil quinientos años la perla de Asia Menor.
Historia y origen de la Ágora de Esmirna
Esmirna es una de las ciudades más antiguas de Asia Menor, cuyos orígenes se remontan al tercer milenio antes de Cristo. Pero esa Esmirna, cuyas ruinas se ven hoy en el centro de Esmirna, es ya una ciudad «nueva», trasladada a las laderas del monte Pago (hoy Kadifekale) en el siglo IV a. C. Existe una hermosa leyenda: a Alejandro Magno, que se había detenido a cazar junto al manantial de la diosa Némesis, se le aparecieron en sueños las propias diosas y le ordenaron trasladar Esmirna de su antiguo y poco conveniente emplazamiento. Al despertar, el general ordenó al oráculo que confirmara el presagio, y los sacerdotes anunciaron la voluntad de los dioses a los habitantes. Así surgió, a los pies del Pago, una nueva ciudad helenística y, con ella, la ágora estatal.
Los investigadores coinciden en que la primera ágora se fundó en el siglo IV a. C. y sirvió a Esmirna como su principal plaza pública. Aquí se reunía el consejo municipal, se comerciaba, se dictaban sentencias, se erigían estatuas en honor a los benefactores y se proclamaban los decretos. La ágora de Esmirna no era un mercado en el sentido cotidiano de la palabra: era un escenario político y cívico, estatal y no comercial, como subrayan los arqueólogos turcos.
Vale la pena imaginar cómo se veía esta plaza en un día festivo: desde abajo sopla la brisa marina de la bahía, las columnatas de mármol proyectan sombras rayadas sobre las losas de piedra, los vendedores ambulantes de nueces y higos esperan tras las puertas, y en la propia ágora el pregonero lee el decreto del consejo municipal. Ya en el siglo II a. C., Esmirna figuraba entre los puertos más importantes del Mediterráneo oriental, y su plaza, por su ambiente, se asemejaba más a la ágora de Atenas que a los bulliciosos bazares orientales.
Todo cambió con la catástrofe del año 178 d. C. Un terremoto de gran intensidad destruyó gran parte de Esmirna, y la ágora quedó en ruinas. El emperador romano Marco Aurelio, en respuesta a una carta del orador Elio Aristides, ordenó reconstruir la ciudad, y es precisamente a esta reconstrucción a lo que corresponde la mayor parte de lo que se ve hoy en día en las excavaciones. La ciudad resurgió y Esmirna volvió a convertirse en uno de los principales centros de la provincia romana de Asia.
En la época tardorromana y bizantina, el ágora fue perdiendo poco a poco su importancia. En la época otomana, el territorio se convirtió en un cementerio musulmán y en un espacio de oración al aire libre —namazgiah—, del que toma su nombre el barrio actual. Bajo la capa de tumbas y lápidas, las ruinas antiguas se conservaron mejor que en muchas otras ciudades, donde el mármol fue despojado durante siglos para utilizarlo como material de construcción.
Las excavaciones sistemáticas de la Ágora de Esmirna comenzaron en 1932-1933 a cargo de arqueólogos turcos y alemanes; en las décadas siguientes se llevaron a cabo de forma intermitente. En octubre de 2023 se inauguró en el recinto arqueológico un nuevo sendero peatonal de 700 metros de longitud, que permitió por primera vez recorrer tranquilamente todas las construcciones principales.
Arquitectura y qué ver
El Ágora de Esmirna no es un único edificio, sino todo un complejo de construcciones en varios niveles, que se extiende en forma de rectángulo al pie de la colina. Los paneles informativos ayudan a orientarse, pero para apreciar su magnitud es mejor llevar consigo un plano o una audioguía.
La Stoa del Norte y la basílica
La parte más impresionante del complejo es la Stoa del Norte, también conocida como Basílica. Se trata de un enorme edificio de tres naves que en su día se extendía a lo largo de más de 160 metros por el lado norte de la plaza. Hoy en día se conservan las galerías subterráneas abovedadas, a las que se puede bajar y recorrer bajo los enormes arcos de mampostería romana. Es precisamente aquí donde se han descubierto la mayoría de los famosos «graffitis de Smyrna»: inscripciones, dibujos, juegos y poemas garabateados en el yeso, dejados por los habitantes de la ciudad hace casi dos mil años. Se trata de un ejemplo excepcional de la «voz viva» del ciudadano de la Antigüedad: desde declaraciones de amor y anuncios publicitarios hasta garabatos infantiles.
La stoa occidental y la columnata corintia
La Stoa Occidental se conserva en peor estado, pero sus cimientos y hileras de columnas se aprecian claramente. La columnata corintia, parcialmente restaurada por los arqueólogos, da una idea del orden y las proporciones de la plaza. Los capiteles con las características hojas de acanto son el sello distintivo de la arquitectura romana en Asia Menor: las mismas formas se pueden ver en Éfeso y Afrodisias, pero en Esmirna se encuentran casi a la altura de las aceras modernas, por lo que es fácil observarlas con detalle. Desde aquí se disfruta de la mejor vista de todo el conjunto: un rectángulo regular, enmarcado por columnatas, con superestructuras bizantinas y otomanas en los extremos, y a lo lejos, los minaretes de las mezquitas vecinas y los tejados de las calles comerciales de Kemeralta.
La Puerta de Faustina y la Calle Antigua
La Puerta de Faustina es un monumental paso en arco, bautizado en honor a la esposa de Marco Aurelio. A través de ella se accedía a la Calle Antigua, pavimentada con losas planas y que se adentra hacia la ladera del Pago. En el arco se conservan relieves y restos de inscripciones dedicatorias. Es uno de los lugares más fotogénicos del complejo y la mejor ilustración de cómo los romanos sabían integrar una entrada principal en el denso tejido urbano. En las losas de la calle se ven profundos surcos de carros, un detalle muy apreciado por quienes comprenden por primera vez que la ciudad antigua no era un decorado, sino una infraestructura funcional real.
La capa otomana y la casa de Sabbatai Zevi
Un tema aparte es el estrato cultural otomano. En los bordes de la excavación se conservan fragmentos de un cementerio musulmán de los siglos XVII-XIX con lápidas características en forma de turbante. Cerca de allí, ya fuera de los límites del ören yeri, se encuentra la famosa Casa de Sabbatai Zevi, el rabino-mesías del siglo XVII que nació en Esmirna y lideró uno de los mayores movimientos místicos de la historia del judaísmo. La combinación de ruinas antiguas, tumbas musulmanas e historia mesiánica judía en unos pocos cientos de metros es, en estado puro, un retrato de Esmirna como ciudad de tres continentes y tres religiones.
Datos curiosos y leyendas
- Según la tradición, la nueva Esmirna, en la ladera del Pago, fue fundada por el propio Alejandro Magno tras un sueño profético en el que la diosa Némesis le ordenó trasladar la ciudad, y la ágora urbana se convirtió en el centro de esta nueva polis.
- Los grafitis de Esmirna en el yeso de la Stoa del Norte constituyen uno de los mayores conjuntos de «inscripciones populares» de la Antigüedad en el Mediterráneo: entre ellos se han encontrado poemas, mensajes de amor, dibujos de barcos e incluso marcas para juegos de mesa.
- La reconstrucción de la ágora tras el terremoto del año 178 corrió a cargo personalmente del emperador Marco Aurelio, autor de las «Meditaciones». La ciudad, en señal de agradecimiento, erigió estatuas e inscripciones dedicatorias en su honor.
- En la época otomana, la antigua plaza se utilizó como namazgah —un lugar de oración musulmán al aire libre— y como cementerio; fue precisamente esta «capa protectora» la que salvó la mayor parte del mármol del saqueo.
- En 2020, la Ágora de Esmirna pasó a formar parte de la candidatura de la UNESCO «Ciudad portuaria histórica de Esmirna», y en octubre de 2023 se inauguró aquí una nueva pasarela de 700 metros de longitud, lo que facilitó notablemente la visita.
Cómo llegar
La Ágora de Esmirna se encuentra en pleno centro de Esmirna, en el barrio de Konak, a unos 10-15 minutos a pie del paseo marítimo Kordon y del legendario bazar de Kemeralti. El punto de referencia más sencillo es la torre del reloj Saat Kulesi, en la plaza Konak: desde allí hay que subir por las calles del barrio de Namazgiah y, tras varias curvas, se abre ante uno el recinto vallado de las excavaciones.
Desde el aeropuerto Adnan Menderes de Esmirna (ADB), lo más cómodo es tomar el tren de cercanías İZBAN hasta la estación de Alsancak o Hilal; desde allí, el metro M1 hasta la estación de Konak o Çankaya, y luego 5-10 minutos a pie. El trayecto en coche desde el aeropuerto dura entre 30 y 45 minutos, dependiendo del tráfico; es mejor buscar aparcamiento cerca del paseo marítimo, en lugar de en las estrechas callejuelas del barrio histórico.
Desde Éfeso y Selçuk hay autobuses regulares y trenes İZBAN que van a Esmirna; el trayecto dura entre 1,5 y 2 horas. Desde Kusadasi es cómodo ir en autobús pasando por Selcuk. Dentro de Izmir, todos los principales lugares de interés —la ágora, el bazar de Kemeralti, la fortaleza de Kadifekale y el paseo marítimo— están conectados por cortos tramos a pie y breves rutas de tranvía.
Consejos para el viajero
La mejor época para visitarla es la primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre). En verano, entre julio y agosto, Izmir supera los 35 grados, y las losas de mármol al aire libre se calientan mucho al mediodía. En invierno llueve, pero la ágora está casi vacía y resulta especialmente bonita bajo la suave luz oblicua.
Reserva entre 1 y 2 horas para la visita. Lleve agua, un sombrero y calzado cómodo: el suelo es de mármol irregular y tierra, y en algunos lugares resbaladizo. La nueva pasarela de 700 metros de 2023 facilita considerablemente el recorrido, pero aún no se puede considerar totalmente accesible para sillas de ruedas: en los subterráneos de la basílica hay escalones.
Para el viajero de habla rusa, la lógica correcta del itinerario es la siguiente: por la mañana, dar un tranquilo paseo por las excavaciones; luego bajar a Kemeralti —uno de los bazares más antiguos de Turquía, donde es fácil perderse medio día—; almorzar en una lokanta tradicional (prueba los köfte de Esmirna, el midye dolma y el boyoz); y por la tarde, salir al paseo marítimo del Kordon al atardecer. Para contrastar, vale la pena subir a la fortaleza de Kadifekale: según la leyenda de Alejandro, fue precisamente allí donde se trasladó la ciudad.
Si dispone de uno o dos días libres más, desde Esmirna resulta cómodo hacer una excursión a Éfeso y Selçuk o a Pérgamo, al norte; junto con la Ágora, forman una especie de «triángulo de Asia Menor» de la arquitectura antigua. Una curiosidad para el viajero ruso: por su ubicación dentro de la megápolis moderna, la Ágora de Esmirna recuerda al Zaryadye de Moscú o al cabo Okhtinsky de San Petersburgo —ese raro caso en el que la arqueología convive con barrios residenciales, el mercado y el paseo marítimo, en lugar de quedar relegada a las afueras de la ciudad. Por eso, la visita se puede alargar en varias visitas: pasar media hora por la mañana, volver a echar un vistazo por la tarde, en el descanso entre el bazar y la cafetería de Kordon.
Un consejo útil: la entrada a la Ágora de Esmirna está incluida en la «Müzekart» (Müzekart), el abono anual del Ministerio de Cultura de Turquía, que ya sale a cuenta tras visitar 3 o 4 lugares. Si tienes pensado visitar también Éfeso, Pérgamo y Afrodisias, la tarjeta es casi imprescindible. La Ágora de Esmirna no es el museo más famoso, pero sí uno de los más auténticos de la costa del Egeo: aquí no hay multitudes, ni reconstrucciones al estilo «Disney», sino una auténtica ciudad antigua, en cuyas piedras se conservan las voces vivas de sus habitantes.